lunes, 17 de febrero de 2014

2014 - Retirado a solicitud de la Armada

Retirado a solicitud de la Armada - Heritage Collection - Instituo Naval de EEUU

Este artículo fue autorizado 
a publicarse en mi blog por

Janis Jorgensen
Heritage Collection-Instituto Naval de EE.UU.




 "Retirado a solicitud de la Armada"

por el  Capitán de Corbeta (RE) 
Daniel B. Sheehan
Armada de los EE.UU.
( Proceedings, Febrero 1994, p 57 )

                   
     Carta escrita a un buen amigo después del anuncio de que debería hacer una transición  involuntaria a la vida civil
  
  "Hace poco me has escrito diciéndome que pronto cumplirás  tus 20 años de servicio y te retiraras de la Armada.  Naturalmente son pocas las personas con hijos adolescentes  que pueden retirarse, por lo tanto sé que debes estar  buscando una segunda carrera o al menos un segundo empleo.

   Habiendo pasado yo mismo por dicho proceso tengo algunas  observaciones que pueden serte de ayuda. Te escribo no solo por nuestra amistad sino también para calmar mi propio ego  y sensibilidades heridos.

    Es frecuente que, durante los períodos de los grandes  cambios de la vida uno se sienta perturbado, aprensivo, preocupado y aun temeroso del futuro.  Es el resultado  directo de nuestra propia auto imagen que ha sido impregnada  y cuidadosamente cultivada.  Como Oficiales navales nos  vemos a nosotros mismos como personas llenas de confianza  en sí mismas, capaces, leales, calmos, con coraje y  poseedores de un control total. Ante las situaciones  criticas siempre evidenciamos una calma fría. Esto estaba  condicionado por nuestra imagen y por las expectativas de  la Armada la cual esperaba que suprimiéramos o  reprimiéramos nuestras respuestas emocionales en aquello  que hiciéramos y en la forma en que lo hiciéramos.

   De hecho esto era necesario si se considera la profesión  naval. Las crisis y las situaciones de combate las  manejaban mejor los individuos calmos y racionales ya sea  que utilicen listas de chequeo, pautas convencionales de  procedimientos operativos o que improvisen frente a  situaciones totalmente inesperadas y no planificadas.  Cuando nuestras decisiones involucraban nuestra propia vida  ó muerte, ya sea en el combate ó en las emergencias, asumíamos una calma glacial y mostrábamos una aparente  indiferencia gélida frente a las contingencias.

   En nuestro enfoque profesional éramos fatalistas.
   Era por lo tanto lógico que nuestras actividades y las  expectativas propias de nuestra profesión hallaran su  proyección en los otros aspectos de nuestras vidas. Estábamos condicionados a suprimir nuestras emociones tanto  en el trabajo como en el hogar; se esperaba que fuéramos  dominantes y controlados en todo momento.

   Esta auto imagen, este mito de estar siempre a cargo de las  cosas se vio necesariamente amenazada ante la perspectiva  de tener que abandonar la Armada.

   Durante 20 años la Armada fue un hogar, un punto de  referencia estable a través de los diferentes trabajos , jerarquías, apostaderos, responsabilidades profesionales y obligaciones personales.  La Armada, la agencia primaria de  cambios de mi vida se transformó en el punto estable de  referencia. Este ritual invariable de cambios me  suministraba estabilidad y seguridad.

   Lealmente me sometí a este tipo de reglas y fue ese acto de  fe el que aparentemente determinó mis diversos pases,  a veces a sitios elegidos y otras a lugares inesperados. Todo esto era parte de lo que se esperaba de la rutina  naval.

   Estas cartas preferenciales y mis llamadas telefónicas  pormenorizadas contribuyeron a ese sentimiento espurio que  me decía que yo controlaba mi destino dentro de la Armada.

   Aparte del mito del autocontrol y de los ojos con mirada de  acero los Oficiales navales abrazan el concepto de que son  gente extraordinaria haciendo cosas extraordinarias. Aceptamos como parte del desafió del trabajo el ser  derribados sobre Vietnam, el ser catapultados durante la  noche en medio de un vacío infernal o intervenir para que  un piloto novato no nos derribe.

   Con frecuencia nos olvidamos, en el actual entorno  posterior a la Guerra Fría, que nuestro rol primario ha  sido " embestir la marea roja de la agresión comunista en  cualquier lugar en que esta pudiera usurpar las fronteras  de la libertad ".  A pesar del cinismo de esta frase, pienso que lo que hice como Oficial naval tuvo un impacto positivo     y permanente sobre el destino de los EE.UU. y que otros  como yo han hecho una diferencia en este mundo. Nos  divertimos, trabajamos, jugamos fuerte y nos  consustanciamos en un mundo real.

   Si todo esto revela un ego abrumador y un sentido de  auto importancia es porque realmente así lo era.

   La primera quebradura de mi ego se produjo cuando no fui  seleccionado para ser Comandante. ¿ Cómo puede ser que  alguien a cargo de las cosas, un ser tan importante para el  futuro del Mundo Libre y la Armada sea pasado por alto como  Comandante y se lo relegue a un retiro voluntario a los 20  años de servicio ?

   Mi mente racional me dijo que la primera postergación era  definitiva y que todas las promociones subsiguientes eran  irrelevantes. Pero mi subconsciente me convencía cada año de que las injusticias pasadas se corregirían.
  
   Cada pase exitoso que veía se transformaba en una  afirmación consiente del primer rechazo de la Armada " No te  quisimos entonces y no te queremos ahora ".  En mi  autodefensa celebré cada postergación de mi asignación como  Comandante.  Celebré no haber sido promovido a Capitán ó a  Contralmirante porque esos eran los pases grandes y yo me  reía de los mismos.

   Sin embargo, el puesto de Comandante estaba demasiado cerca  del hogar.

   Las actitudes, los hábitos y los sentimientos de 20 años  de servicio tardan en morir y aunque me sentí rechazado aun  no quería abandonar la Armada. Habiéndome definido hace   tiempo como piloto de la Armada y Oficial naval ¿ quien era  yo sin esa     identidad ?

   Hice todo lo que pensé que me ayudaría en mi transición al  mundo civil. Enfrenté todos los chistes del " mundo real "    como ser " ahora tienes  que madurar y salir a trabajar de verdad para ganarte el pan". Tomé un curso llamado " La  estrategia en la transición de la carrera " dado por Stanley  Hyman. Fue una experiencia intensa, práctica y  extrañamente perturbadora.
  
 Aprendí a no usar un gran reloj de pulsera durante las  entrevistas, a decir las " tres en punto " en vez de las "mil quinientas" y también a resumir 20 años de experiencia  naval en una sola página sin utilizar ningún acrónimo o  término naval. Mi primer resumen tuvo cuatro páginas de  largo, anoté cada puesto que tuve. Para el resto de lo que  escribí habrían de requerir de un intérprete.

   También aprendí algo sobre los uniformes civiles. Los  requisitos de los uniformes militares se publican para que  todos lo lean. Sin embargo, no son así las pautas para los  uniformes civiles.

    Tuve que sustituir mi uniforme azul diario, el tropical  blanco y el tropical kaki por trajes de color azul, gris,  o a rayas claras y finitas. Debí usar camisas de color  blanco brillante, corbatas color Borgoña y un sobretodo color Niebla de Londres. Y no vaya a cometer el error de combinar el traje con sus zapatos lustrados a salivazos no importa cuan buenos le parezcan. El objeto del uniforme es mezclarlo con el resto de la gente y no hacerlo sobresalir. Si no lo hace va a resaltar y esto terminara lastimándolo. En este mundo de imágenes, la apariencia es más importante que nunca.
  
  Las mayoría de las compañías civiles ven al personal  militar como seres incompetentes para el mundo real de las  ganancias y las perdidas ó como aciertos debido a sus contactos personales con aquellos que les permitirán hacer  contratos y adquirir elementos onerosos.

   Son raras de ver aquellas compañías en donde se valore la experiencia, la presencia, la capacidad de decisión y la integridad del oficial militar.

   Depende de Ud. detectar que es lo que su proyectada compañía estima de su experiencia militar y en base a esto adaptar  su vestimenta y curriculum.

   Aún los entrevistadores mejor intencionados resentirán la presunción implícita de que, al haber sido un Oficial naval Ud. es capaz de realizar cualquier tarea dentro de la compañía o lo que el empleo exija. Sepa que esto  verdaderamente es así pero no puede dejar que la persona que maneja el lazo de las contrataciones piense siquiera que Ud. está convencido de poseer dicha capacidad.

   Conviene reconocer su capacidad de liderazgo y admitir que si bien la Armada no lo ejercitó en las buenas  prácticas de los negocios (ganancias, ganancias y más ganancias) Ud. posee ciertamente la capacidad para aprender y el deseo de trabajar.
  
   Me tomó seis meses después del retiro él poder encontrar un  trabajo de dedicación exclusiva. Empecé a buscarlo antes de  irme de la Armada pero dado que estuve en el extranjero no   tuve muchas oportunidades.  Me pareció una eternidad poner  todo en un curriculum.  Al final escribí cuatro versiones  diferentes cada una según el trabajo al cual apuntaba.  Luego vinieron las semanas de contestar anuncios, enviar  cartas y simplemente esperar enfrentando una desalentadora  ausencia absoluta de respuestas.

   Para subsistir, mientras buscaba trabajo, realicé algunas  suplencias en un colegio secundario y en una escuela  intermedia enseñando inglés, estudios sociales, castellano,  francés, matemática y educación especial. Realicé todo esto  a pesar de mi falta de conocimiento en las diversas  materias. También me postulé para dictar cursos de  Oficiales de la Reserva (NJROTC) pero aún siendo mi área no  obtuve el puesto.  Contrataron en mi lugar a un Oficial  Jefe Retirado acreditado.

   En las áreas de comprensión militar los Capitanes de  Corbeta son observados con suspicacia: "¿ Qué es lo que le  pasa? ¿ Por qué no serruchó al que lo jorobaba ?

   Me presenté a varias entrevistas para diversos puestos. Después de tres entrevistas perdí una oferta de  Marriott porque no supe contestar cual era el principal  problema del personal de la industria hotelera. Fui a la  Universidad de Carolina del Norte donde pedían un gerente  de seguridad industrial pero lo que buscaban en realidad  era una persona a cargo de la vigilancia. Tuve una  entrevista y obtuve un puesto como empleado para tareas  varias en la guardería de una planta local.        

   Cuando fui a Washington DC para entrevistarme con Marriott  llegue un día antes y fui a visitar a un ex-Comandante. Él me presentó a una jefa de personal con la cual analizamos diversas posibilidades. Ella pensó que alguien había solicitado un gerente de entrenamiento para el área de seguridad. Luego de exponer durante tres minutos frente a un hombre muy ceñudo que era (lo supe luego) un director ejecutivo obtuve otra entrevista que me permitió acceder al puesto.
  
   Durante la tercera entrevista el panel, que incluía a un  Oficial retirado del Ejército trato de sonsacarme el porque  nunca había cumplido comando o había sido Comandante.  No  llegaron a formular del todo este tipo de cuestionamientos  y yo además era reticente a contestar salvo que me  preguntaran.  Afortunadamente pude desviarlos hacia mi  ex-comandante el cual satisfizo al panel. Sus respuestas  tenían mas credibilidad que las mías. Los contactos  personales y la suerte lograron que obtuviera el trabajo.
  
   Como administrador era un miembro muy joven de una  organización que a veces hacia que la Armada pareciera una  maquinaria de precisión.  En la Armada sabia como hacer las     cosas, a quien llamar y que botones apretar. No era así en la compañía. Para que algo se hiciera necesitaba saber  quien lo había hecho por última vez.

   Las designaciones de puestos significaban poco y los  memorándums flotaban alrededor con nombres de personas  pero sin sus cargos.  No había forma de saber si alguno de  los firmantes del memorando tenían autoridad o conocían el  tema en cuestión.

    Yo provenía de una organización que acostumbraba a  documentar las cosas y a realizar el seguimiento de las  mismas y averigüé que a mi empresa eso mucho no le preocupaba. Aquí las contraseñas parecían ser " cuida tu trasero " o " no preguntes cosas cuyas respuestas no deseas escuchar".

   Las cualidades que valoraba en la Armada no se requerían en el mundo de los negocios; la integridad y el honor no eran  artículos que pudieran comercializarse.

   Al comienzo de esta carta describí el sentido de  auto importancia del oficial naval, de su característica  singular y su especialidad. Todos estos conceptos se vieron violentados durante el proceso de conseguir trabajo y también por los frutos del mismo.
  
   Por primera vez en mi vida viajaba con abono en el tren y utilizaba los subterráneos. Caminaba de una estación a otra  entre las masas de oficinistas todos vestidos en forma  similar. Yo, que supe ser el líder en la lucha del Mundo Libre contra la represión era ahora un roedor urbano.
  
   Circulaba con la marea humana por curvas, charcos y alrededor de gente formada sobre rejillas de vapor. No me gustaba la transformación.

   Pienso que estando en la Armada tuve una visión poco  realista de mí mismo y de mi valor como ser humano. Me vi  como parte de lo que hacía y no como alguien que circunstancialmente estaba haciendo lo que hacia.

   Yo luché contra este concepto porque se me pedía que me  retirara; mi carrera naval era un fracaso.  Sin embargo,  sostengo el concepto de que, si en el escenario hubo un  fracaso fue el de la Armada y si hubo una pérdida también fue de la Armada.

   Espero que mis pensamientos te ayuden. Sé que no me pediste consejos y en realidad no tengo ningún consejo en concreto que darte. Esta carta como cualquier otro elemento me ha  servido como catarsis. Buena suerte con tu búsqueda de un  nuevo trabajo.

                                  Tu amigo, Dan
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